viernes, 21 de marzo de 2014

Recomendación: "Sé lo que estás pensando" de John Verdon

Mi fiebre literaria más reciente empezó con dos obras que me han marcado mucho: "Yo, robot" de Isaac Asimov (obra que comenté aquí) y "Sé lo que estás pensando" de John Verdon. El género negro es el que más me ha gustado siempre por su contenido psicológico-criminal pero lo que más me cansaba de las obras de este tipo eran los personajes esteriotipados y las leía únicamente por la historia.
En "Sé lo que estás pensando" hay una mezcla de personajes e historias que atrapa desde la página uno.
El protagonista de este libro y los posteriores del mismo autor ("No abras los ojos", "Deja en paz al diablo" y "No confíes en Peter Pan") es David Gurney, un policía retirado que vive en una urbanización tranquila con su esposa Madeleine (a mi parecer la verdadera inspiración de Gurney). Su paz se ve interrumpida al recibir la visita de un antiguo conocido suyo que le plantea un problema personal: unas cartas con poemas que suenan a amenaza por su vida pasada le están causando temor, sobretodo porque la primera carta contenía un ejercicio igual de simple como misterioso, debía pensar un número y abrir otra carta interior que contenía el número que había pensado.
Casi sin querer, Gurney se ve involucrado en una serie de asesinatos que contienen pruebas tan intrincadas como imposibles que dificultan la vía que lleva a encontrar al asesino.
http://www.revistadeletras.net/wp-content/uploads//2010/07/Se_Lo_Que_Estas_Pensando.ROCA_.062010.jpg
Realmente espero que te haya gustado este post y no dudes en comentarlo y compartirlo por las redes. ¿Ya has leído este libro y los siguientes? ¿Te han gustado? ¿Qué libros quieres que comente? ¡A leer que son dos días!













jueves, 20 de marzo de 2014

Reflexión rápida: Futbol y Gameplays

No me gusta el fútbol. No sigo ligas, ni temporadas, ni champions, ni mundiales. Es más, en mi casa más de una vez he tenido discusiones por ese tema que acrecientan mi odio hacia ese deporte televisado (ojo, subrayo lo de televisado porque es el fútbol televisivo el que no me gusta. Echar un partidito con amigos en alguna ocasión no me molesta, incluso me vendría bien).
Me gusta ver gameplays. No soy un gran seguidor de los canales en Youtube de esa temática pero me echo mis risas con el Rubius, PewDiePie y poco más. Es una distracción, a mi parecer, sana, que no daña a nadie y a veces bien hecha.
Hasta hoy no me había planteado comparar los dos entretenimientos de la siguiente manera: una de la razones principales por las que no veo el fútbol es que no le encuentro sentido a contemplar como una veintena de tíos juegan a la pelota. Estarse más de una hora dejándose llevar emocionalmente por las habilidades futbolísticas de los jugadores es una práctica que para mí no tiene sentido. Pero me he planteado el ver gameplays de esta manera y me encuentro en una encrucijada. No estoy del todo capacitado para hacer una completa comparación de ambas aficiones ya que me manca la práctica de una de ellas, pero al ver gameplays como puro entretenimiento me divierto y me siento identificado con la persona que lo juega al ser yo un "gamer" también (le doy al Minecraft y a mi 3DS, aparte de los libros), pero sé que nunca me comportaría como un aficionado al fútbol borracho en medio de una plaza celebrando la victoria del otro por haber conseguido tal puntuación en equis juego.
No quiero decir con esto que yo sea mejor o peor que ese aficionado aleatorio por ver vídeos en Youtube, sólo quiero exponer esta reflexión porque me planteo la posibilidad de estar viviendo una doble moral sin saberlo: rechazando y riéndome de cómo se quedan absortos los entusiastas del fútbol televisado pero comportándome igual que ellos ante uno de estos vídeos.

Hasta aquí la primera de mis reflexiones del blog. No dudes en comentar si estás de acuerdo o difieres de alguno de mis comentarios y recuerda... ¡A leer que son dos días!

martes, 4 de marzo de 2014

Jornadas Negras en Collbató

Anteriormente ya he hablado de "Esparreguera Negra", de sus proyectos, charlas y entusiasmo por la novela negra. Fui a las primeras presentaciones literarias e hice la reseña en el blog (aquí y aquí) y no pude asistir a las demás por tema de estudios. Pues bien, hace un tiempo "Esparreguera Negra" se ha transformó en "Collbató Negre" para una mayor captación de público y por mayor obtención de recursos. He de decir que lo están petando y prueba de ello son las jornadas negras que van a organizar este marzo.
Tienen un calendario repleto de charlas, concursos y actividades muy interesantes y todas relacionadas con la novela negra, policíaca y criminal. Yo no voy a faltar y os haré la reseña pertinente a esas jornadas. Os animo que, si os gusta este género y todo lo que ello envuelve, vayáis, asistáis y participéis.
Enlace a la página con el calendario:
http://collbatonegre.wordpress.com/jornadas-negras/
Enlace a su página en Facebook:
https://www.facebook.com/collbato.negre

¡A leer que son dos días!

martes, 25 de febrero de 2014

Recomendación: "Yo, robot" y "El hombre bicentenario" de Isaac Asimov

Es un honor para mí hablar de estos dos pedazos de libros, dos clásicos de la ciencia ficción de la mano de uno de los grandes. Para empezar, los más avispados habrán visto que estos dos títulos fueron los que se adaptaron a la gran pantalla hace años, siempre se dice lo típico de "el libro es mejor que la película" y en este caso no solo se cumple ese tópico sino que lo reproduce a unos niveles inimaginables. Me explicaré.
Ambos libros son recopilaciones de relatos, no es una única historia (aunque en el de "Yo, robot" hay una linea narrativa que las une). Además, Asimov plantea una realidad en la que los robots positrónicos* se utilizan en la industria y no como máquinas de compañía, para evitar precisamente lo que él llamaba "El efecto Frankenstein", es decir, lo que ocurre en la película.
Pero basta de hablar de las películas.
El primero de los libros que os presento, "Yo, robot", son històrias cortas unidas por Susan calvin, una doctora en robopsicología que explica sus experiencias y porqué los robots se utilizan de manera industrial. Realmente los relatos son puzzles en los que los robots sobrepasan el margen de lo lógico y la doctora Calvin debe averiguar porqué actúan de esa determinada manera, utilizando como pistas las tres leyes de la robótica*.
El segundo libro que recomiendo, "El hombre bicentenario", son una recopilación de relatos que ocurren en el mismo universo que el primer libro, algunos con los robots como protagonistas y otros no. De hecho recomiendo leer este después que el anterior, ya que se complementan mejor si se sigue ese orden.

http://2.bp.blogspot.com/_GD_NR0vORzc/S7SCON53XVI/AAAAAAAAANU/
5hSWBDNpzyg/s1600/yo%20robot%20asimov.jpg

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhknmdooJU3I26BPuwAlQ5k6ILzjCRXC5S6Qze6SaR9HTaKx9ZP1nLn-fNOMXhLXqT0ZZFk1hhVSr_5M5zq5NQJnxssrR5Y1GnOX4-7SOv7Tp2Zr3h6GHFb5HFjBk-xiU4ZFK-Rbc6k6Sc/s1600/hombre-bicentenario.jpg
¿Ya has leído estos libros? ¿Te gusta la ciencia ficción como género literario? No dudes en dejar tu comentario. ¡A leer que son dos días!

*¿Quieres saber lo que es un cerebro positrónico o las tres leyes de la robótica? Léete el libro.

viernes, 21 de febrero de 2014

Recomendación: "En un lugar llamado guerra" - Jordi Serra i Fabra

El libro que recomiendo hoy es muy especial. Todos hemos tenido lecturas obligatorias en la ESO o en Bachiller, algunas nos han gustado más y otras menos. Este libro cayó en mis manos de esa forma, sin querer, y ha sido de los que más me ha gustado. A parte de la primera necesaria para aprobar el examen de comprensión lectora lo he leído un par de veces más de lo mucho que me gustó.
La historia relata la primera experiencia de un periodista novato cubriendo la noticia de una guerra en Tudzbestan (lugar ficticio). Allí se encuentra con los problemas propios de su profesión, pero cuenta con la ayuda de un periodista veterano y un niño del cual se hace amigo.
Una novela entrañable que engancha muy fácilmente, de esas que te deja un sabor agridulce al acabarlas.
http://pictures2.todocoleccion.net/tc/2013/12/05/11/37864520.jpg
 ¿Te ha gustado la recomendación? ¿Tú tambien has leído esta novela? ¿Qué libro te leíste en la escuela que te cambió la vida? No dudes en dejar tu comentario y... ¡A leer que son dos días!

miércoles, 19 de febrero de 2014

El último suicidista (11a parte)


Cinco meses más tarde Gabriel entró al centro penitenciario donde David cumplía condena por desorden público y desobediencia al protocolo policial al cual había jurado fidelidad. Tenía un aspecto tranquilo y despreocupado.
-Buenos días compañero. – David lo recibió con una sonrisa.
-Buenos días. ¿Cómo va todo? ¿Cómo va la investigación?
-Bien, estamos trabajando mucho. En teoría no puedo contarte nada. – David hizo una mueca de desaprobación – Pero me da igual, te lo contaré de todas formas. El tío que mató tu hijo era la punta del iceberg. Descubrimos sus contactos en el almacén que nos dijiste, pudimos detener toda la locura que había detrás: una organización religioso-naturalista, tan grande como el país, esperando beneficiarse de los dispositivos ANA y esperando el momento correcto para detonarlos todos. Decían que las personas capaces de instalarse el dispositivo eran débiles de mente, un excedente prescindible, un error de la evolución…
-¿Y Ana? ¿De dónde salió esa chica?
- Ana era la única genuina en todo el proceso. Se mató de verdad. Esta organización simplemente aprovechó la situación para crear toda la movida. Los vídeos de internet eran cosa de Héctor Jueves, simple modificación de voz. Antes de que lo preguntes, la mano también. Un invento de Héctor que hizo utilizando efectos ópticos, humo, espejos y luces. La organización lo contrató estando él en la cárcel.
-Vaya. ¿Y ahora que hacéis? Me has dicho que seguís trabajando…
-Buscamos a más sospechosos, casi todo peces gordos, e intentamos relacionarlos con Héctor Jueves. También buscamos fieles que quieren seguir con la filosofía suicidista a través de internet o con concentraciones ilegales… hay mucho trabajo.
-Bueno, aun así parece que lo estáis haciendo bien.
-Tú, viendo la que se avecinaba te las apañaste para tener una excusa y no currar tanto, ¿no?
Se rieron los dos. Luego hubo un silencio. Gabriel sabía lo próximo que iba a preguntar David.
-¿Cómo está…?
-¿Tu mujer? Bien. Bueno, no. He hablado un par de veces con ella, te culpa de lo que le pasó a Alejandro. Está con los papeles del divorcio.
-Eso explica que no venga a visitarme nunca…
-Hey, no pasa nada. En comisaría eres todo un héroe. ¿Sabes cuál es tu apodo? David, “el asesino de la muerte”. En internet está volando el vídeo de tu discurso final. Te llaman “El último suicidista”. Eres una leyenda. Yo estoy muy orgulloso de poder decir que soy tu amigo.
David no dijo nada. ¿Era un héroe? ¿De qué le servía? “Papá salva al mundo” Sonaba en su mente cada vez que necesitaba fuerzas. Pero, ¿había hecho eso por él mismo? ¿Por su hijo? Cada vez pensaba más en el vídeo del suicidio de Ana. Lo había hecho por inercia, ya no le quedaba nada que lo atara a este mundo. Había un pensamiento que restringía, pero el cual no podía atar del todo: ¿Hubiera preferido morir en la explosión, aplastado por el edificio? Le ponía el pelo de punta pensar en ello. Pero probablemente era así, él era el último suicidista. 

miércoles, 12 de febrero de 2014

"El último suicidista" (10a parte)

Estuvo toda la noche llevando cajas del almacén al centro religioso a través del pasillo e instalando todos los dispositivos en los pilares centrales de aquel lugar. A las 4 y media de la madrugada ya había acabado. Volvió al despacho, el lugar donde su hijo y el científico loco habían muerto. Vio que dentro del bolsillo de la chaqueta que había puesto encima del cadáver de su hijo brillaba su móvil. Un escalofrío recorrió su cuerpo. No había pensado en su mujer hasta ese momento. ¿Cómo iba a decirle que Alejandro había muerto? Cuando vio que algunas llamadas también eran de Gabriel otro malestar le hizo recordar que había faltado al trabajo hoy, el día que la investigación sobre los suicidistas iba a abrirse. Las piernas le flojearon y se sentó en el suelo. Se pasó la mano por la frente y vio que la tenía sucia de todo el trabajo que había hecho. Estaba agotado mentalmente y físicamente. Necesitaba descansar pero tenía miedo de quedarse dormido. Quería pensar, sabía que la locura que iba a realizar lo condenaría de por vida. Era un suicidio. Descubrió que si no fuera porque su hijo estaba muerto no se arriesgaría a hacer lo que iba a hacer. Recordó la última frase de su hijo. “Papá, te odio”. Recordó también lo que le dijo el chico suicidista en el bar. “Una frase que dijera lo contrario a lo que te ata al mundo”. Para Alejandro lo único que no lo impulsaba a suicidarse era el amor que tenía hacia su padre. Lloró amargamente. En ese momento comprendió que ser suicidista era una condena. La última frase que dicen es lo que los mata. Es lo que iban a llevarse al más allá. Se sentía culpable por la muerte de su hijo. Era irónico, debía sentirse orgulloso por ser lo único que mantenía a su hijo con vida pero sentía lo contrario. Entonces otra frase le pasó por la cabeza. “Papá, salva al mundo”. Eso le dio fuerzas. Miró el reloj, eran las nueve de la mañana, se había quedado dormido sin remediarlo. Se levantó decidido, cogió el teléfono y llamó a Gabriel.
-¡Tío, nos has tenido a todos en vilo toda la noche!
-Ya, lo sé. Lo siento.
-Tu hijo también ha desaparecido, ¿estás con él? – David miró a Alejandro.
-Gabriel, Alejandro ha muerto. Envía refuerzos y ambulancias al campamento de los suicidistas. Tengo que hacer una cosa.
-¿Cómo? ¿Qué quiere decir que Alejandro…?
David colgó sin decir adiós. Sabía que Gabriel había oído lo que había pedido. Cogió el megáfono de Héctor y salió de allí. Fue por el pasillo que conducía hasta el centro religioso y abrió los portones principales desde dentro, delante de todos los suicidistas acampados. El sol de la mañana le cegó un instante. Cuando pudo ver observó que los campistas lo miraban. No esperaban que nadie saliera de allí, en teoría estaba cerrado al público. David escuchó las sirenas de la policía y las ambulancias que se acercaban, se puso el megáfono delante de la boca y empezó a hablar.
-Fieles suicidistas. Sois únicos. Tenéis una peculiar forma de ver el mundo que os hace especiales. – Muchos empezaron a acercarse a escucharle. – Este edificio no es vuestro, de la misma manera que vosotros no sois de este mundo. Este edificio es de Ana. Realmente todo gira en torno a ella, todo es gracias a ella – La gente que lo escuchaba daban signos de estar de acuerdo, apoyaban cada una de las ideas que pronunciaba. – Este edificio representa ahora y representará siempre vuestra voluntad de seguir enlazados a este mundo, de pasar por encima de cualquier problema gracias al suicidismo que os alienta. –Hizo una pausa y vio que los agentes de policía, sus compañeros, se colocaban alrededor de todo el campamento, volivó a dirigirse a los suicidistas campistas.- Sois patéticos. Tenéis tan poca autoestima que os agarráis a un clavo ardiendo para sentiros seguros. ¿No lo veis? Lo tenéis a vuestro lado: todo lo que habéis organizado, las alianzas y amistades que habéis creado no necesitan de alguien que os diga qué hacer, porque a la larga dependeréis de ello. Y algún día desaparecerá ¿qué haréis entonces? ¿Qué vais a hacer ahora? – David se dio la vuelta y mirando hacia el edificio dijo: -Yo os digo… ¡Ana no existe!

Los dispositivos reconocieron la frase de activación y detonaron a la vez. La explosión fue más fuerte de lo que David esperaba y lo impulsó hacia atrás. Aun así funcionó su proyecto nocturno: el edificio se derrumbó. La polvareda que desprendió la runa al caer hizo que no se pudiera ver durante un buen rato. Los suicidistas, al ver que su objetivo había sido destruido empezaron a gritar  desconsolados. Uno de ellos se abalanzó hacia David y le cogió del cuello. Los dos cayeron al suelo. Gabriel salió al rescate: arrancó a David de las manos de su atacante y disparó dos veces al cielo. Todos los suicidistas se agacharon ante el impactante sonido. La policía empezó a actuar. David estaba en el suelo de rodillas, lloraba con una sonrisa en la cara. Todo había acabado.