miércoles, 12 de junio de 2013

Primer sorteo del blog

Para promocionar este blog un poco y para que tengáis una oportunidad de conseguir los relatos en formato de libro GRATIS propongo este concurso:
Para participar debéis seguir la página de facebook de este blog: https://www.facebook.com/oloralibronuevo

¡Mucha suerte!

martes, 11 de junio de 2013

Conejillo de indias (2a parte)

Era un laboratorio inmenso. Era como todos los laboratorios de las películas de ciencia ficción, pero juntos en una única sala. En el centro había una cama y encima de ella una especie de estalactita metálica llena de brazos mecánicos. Estaba todo extrañamente ordenado: grandes estanterías rodeaban la sala, estaban llenas de frascos y de libros. Había tres escritorios grandes llenos de papeles con dibujos técnicos. Nosotros estábamos en una plataforma rodeada por una barandilla excepto por el lado que daba a la puerta de salida, poco a poco iba descendiendo, acercándose al suelo. Me apoyé en la barandilla y acerqué la cabeza para apreciar con más detalle aquel lugar, pero un tubo larguísimo con una cámara en el extremo se acercó a mí obligándome a echarme hacia atrás, era una especie de serpiente con un solo ojo que me habló con voz femenina.
- Mantenga las manos dentro de la plataforma, por favor.
- Ana, se buena con los invitados… - Riñó el profesor. (Le llamo profesor porque en aquel momento ya se había ganado mi confianza)
- Lo siento. Recuerde que tiene que tomarse las pastillas, doctor. – Las últimas palabras las vocalizó el hombre sin emitir sonido indicando lo cansado que estaba de escucharlas.
La plataforma aterrizó en el suelo y el profesor salió de allí, se dirigió a una de las mesas, sacó un pastillero y se tomó unas pastillas de diferentes tamaños y colores.
- Bien, empecemos. – Se giró y me miró. – Encantado, soy el doctor Jueves. Como el día de la semana. – Nos dimos la mano.
- Me llamo Benjamín, pero todos me llaman Benja.
- Bien, bien. Te explico un poco en qué consistirá tu trabajo y me dices si quieres aceptarlo o no. ¿De acuerdo? - Asentí con la cabeza. No me malinterpretéis. No estaba desesperado por el dinero ni me falta un tornillo. Mi vida por aquel entonces era muy aburrida. Por la mañana estudiaba y por las tardes las pasaba navegando por internet si hacer nada de provecho. Busqué trabajo para distraerme y aquella situación insospechada me atraía mucho. – Soy un científico neuro-tecnólogo, estudio y trabajo cómo puedo aplicar los avances tecnológicos al cerebro humano. Lo que has experimentado antes, en la calle, cuando te he tocado y curado el daño que te habías hecho es una pequeña muestra de lo que hago.
- ¿Podré hacerlo yo algún día? – Interrumpí. Él esbozó una sonrisa maliciosa.
- Es el motivo por el que estás aquí. Necesito experimentar con sujetos que tengan buena salud. El estado (que es el que me financia gran parte de mis experimentos) no me deja hacerlo de manera legal. Yo te pagaría en calidad de mozo de almacén, pero, si estas interesado, tu verdadero servicio será el de aprovecharte de mis avances tecnológicos.
Hubo un silencio de reflexión. Él temía que no hubiera cogido las palabras adecuadas, yo no me creía que me fueran a pagar por algo así.
- Seré su conejillo de indias.- Le dije. Se rió.
- Si, algo así. Debo informarte de los peligros que puede haber, no hay que olvidar que es tu cerebro el que va a ser tratado.
- Si, por supuesto… Pero acepto. – No tenía nada que perder. Bueno, sí. Pero en ese momento yo estaba ciego por la ilusión de un niño por probar juguetes nuevos.
- ¿En serio?

- Que sí, que sí.

sábado, 1 de junio de 2013

Primer libro de relatos

Ya tengo en mis manos el primer libro que recopila los 9 primeros relatos de este blog más uno inédito.


El que veis en la fotografía es la "versión de prueba", mi queridísima hermana está corrigiendo minuciosamente cada uno de los relatos y cuando lo tenga todo revisado os diré cómo conseguir un GRATIS, pero recordad que no voy a estar publicando hasta dentro de una semana a causa de exámenes.
Por cierto: ya está la página oficial del blog en facebook www.facebook.com/oloralibronuevo
¡A leer que son dos días!


viernes, 31 de mayo de 2013

"Un cadáver para un detective" - Vicente Corachán

Ayer estuve en la presentación del libro Un cadáver para un detective, del detective profesional Vicente Corachán. Fué la primera de muchas, organizadas por "Esparreguera Negra", entidad de la que ya he hablado en este blog anteriormente.
Conocimos al autor, nos pasamos genial y, como suele pasar en estos acontecimientos, la charla derivó a debate sobre la literatura actual y salimos tarde de allí.
Os dejo algunas fotos de la tarde que pasamos y animo a que vengáis a las próximas presentaciones literarias.





Aquí tenéis el enlace al reportaje en el blog de Esparreguera Negra

jueves, 30 de mayo de 2013

Conejillo de indias (1a Parte)

Ahí estaba yo, en medio de una calle sin salida, con un trozo de periódico con una dirección que no encontraba… la de cosas que hace uno por ganar cuatro perras. Volví a mirar el trozo de papel, era un recorte de un anuncio publicitario, escondido entre la noticio de un nuevo meteorito y otro anuncio de contactos. <<Se necesita joven con buena salud para trabajos en laboratorio>>. Se lo comenté a mi hermano antes de ir. Él estaba convencido de que me harían probar substancias y fármacos raros. Yo creía que era para mover cajas y mercancía peligrosa. Ni una cosa ni otra… algo peor.
Para empezar el número del edificio que rezaba el trozo de periódico no aparecía en ninguna de las puertas a las que me acerqué. Pero sí a una tapa de alcantarilla que había en medio de la calle. Con total incredulidad piqué con el puño a aquel trozo de metal. No hubo ningún efecto inmediato pero cuando había perdido las esperanzas la tapa circular de alcantarilla empezó a moverse, a girar sobre sí misma. Yo me asusté, caminé hacia atrás y me caí encima de mi mano. Creo que me fracturé la muñeca. La tapa se abrió un poco. De aquel agujero salió una cabeza que me miró a través de unas gafas con las lentes redondas. Tenía una cara vieja y arrugada.
- ¿Vienes por el anuncio? – Me dijo.
- Sí. – Intenté levantarme, pero me dolía la mano horrores. – Aunque ahora no crea que sea de mucha ayuda, me he hecho daño al caerme.
La cara me miró sorprendida y frunció el ceño. Unas manos viejas apartaron la tapa de la alcantarilla y el hombre salió de allí con gran habilidad. Se me acercó de rodillas y me tendió la mano.
- Déjame que le eche un ojo. – Llevaba una bata blanca, sorprendentemente limpia para el lugar de donde había salido. Eso fue lo único que me dio razones para obedecerle. Su aspecto era siniestro rozando lo caricaturesco.
Puso su mano encima de mi muñeca y el dolor punzante se hizo más agudo, noté mi corazón bombeando muchísimo más rápido de lo normal pero lo más sorprendente fue una luz que surgió de la mano que sostenía la mía. Aquello duró un momento, cuando me soltó noté que ya no me dolía nada.
- Vamos, sígueme. – Se metió por el agujero por donde había salido. Yo estaba flipando.
Lo seguí por unas escaleras que daban a unos pasillos apestosos donde la única fuente de luz la producía él con su mano. Noté que tenía dos puntitos de luz rojos detrás de la cabeza. Llegamos hasta una gran puerta circular que él abrió presionando un botón rojo. Entramos por ella. Él dijo “Luces” y automáticamente se encendieron una gran cantidad de bombillas que dieron luz al lugar más extraño en el que había estado jamás.  

martes, 28 de mayo de 2013

La decisión de Clara


Una niña pequeña se despierta debajo de un árbol. Es Clara, que deja atrás un extraño sueño y no recuerda cómo ha llegado hasta allí. Se encuentra en una roca flotando en el aire, sentada en las raíces de un árbol con las hojas violeta. Mira al horizonte y en lugar del sol hay un gran donut con glaseado y virutas de chocolate marcando un atardecer detrás de un inmenso mar. Se levanta y va saltando de pedrusco en pedrusco hasta un lugar donde la tierra flotante forma un continente extenso.
Sigue un camino rodeado de unas extrañas plantas: caramelos, piruletas y otras golosinas florecen en arbustos de variopintos colores.
Desde una gran roca un pequeño pájaro la observa fijamente, vuela hacia ella y se coloca delante bloqueándole el camino.
- Hola pequeñín. – Dice Clara. – ¿Tú también estás perdido?
El piar del pajarito le responde de manera afirmativa. Clara extiende el brazo y el pequeño animal se coloca en su mano. Los dos siguen por el camino esperando salir de allí.
***
En la cama de un hospital hay una niña inconsciente. Sus padres están al lado de la cama, esperando que alguien les diga qué le ha pasado a su hija. Un hombre con bata entra a la habitación.
- Buenos días. Tengo los resultados de las pruebas que le han hecho a su hija. Siento decirles que la cosa no pinta bien. – Empieza a llover y las gotas chocan en el cristal de la ventana como bombas. – La pequeña ha desmayado a causa de falta de oxígeno provocado por una irregularidad en el corazón. La única manera de que mejore es trasplantándolo.
La madre de la pequeña empieza a llorar, el padre aguanta las lágrimas y con un hilo de voz responde:
- ¿Hay donantes?
- Lamentablemente es difícil encontrar donantes de corazón, pero la hemos puesto con prioridad en nuestra lista de espera. No podemos perder la esperanza.
***
La pequeña Clara, cansada de caminar y perdida en aquél lugar, rompe a llorar al lado de una gran piedra colorida. El pájaro intenta animarla piando a su lado pero la situación no mejora.
- Pajarito… Echo de menos a mi papá. Quiero salir de aquí…
En ese instante, la gran roca donde Clara estaba apoyada empieza a moverse. No es una roca, es la espalda de un hombre muy grande. Es muy gordo y tiene una forma redondeada, tanto que las piernas no le llegan al suelo. Además en sus manos tiene una guitarra, pero en comparación con él parece un pequeño violín.
- ¡Una niña! ¿Estabas llorando en mi espalda? Espero que no me la hayas dejado llena de mocos…

*** 
Una enfermera irrumpe en la habitación con una sonrisa. ¡Han encontrado un donante! El doctor avisa a los padres que no se alteren, aún hay que hacer las pruebas para confirmar que son compatibles, sino no hay posibilidad de poderlo utilizar en ella. Extraen un poco de sangre a la pequeña y la llevan al laboratorio con mucha prisa.
El doctor los lleva a conocer al cirujano que, en caso de que los resultados sean positivos, realizará la operación.
- Es el mejor cirujano de la casa. Además de un gran amigo mío.
Entran en una especie de sala de estar donde doctores, enfermeras y cirujanos realizan sus descansos. Leyendo un libro en una mesa redonda hay un hombre de espaldas anchas  y piernas largas que al verlos sonríe. El cirujano se acerca al doctor y le da un abrazo.
- ¡Tío! Me alegro de verte por fin por aquí. ¿Cómo estás?
- Bien, bien. – Dice el doctor. – Estoy con el caso de la niña del corazón.
- ¿Ya estás trabajando? Bueno, espero que sea porque te has recuperado del todo. – Como si hubieran aparecido por sorpresa, el gran cirujano dirige su mirada a los padres de la niña. – Perdonen por mi falta de profesionalidad. Supongo que sabrán que seré yo el que… - Los padres asienten sin decir palabra, pero con una sonrisa. – No se asusten por mi tamaño, mis manos son muy delicadas. Me entreno cada día tocando la guitarra. Lo haré lo mejor posible…
***
La pequeña Clara no siente miedo por aquél inmenso hombre, de hecho por alguna razón cree que puede ayudarlos.
- ¿Sabes cómo salir de aquí? El pajarito y yo estamos perdidos. Echamos de menos a nuestras familias.
El gigante los mira extrañado.
- ¿Queréis salir de aquí? Pero si esto es genial. ¿No te has fijado en todas las golosinas que cuelgan de los árboles? Incluso el mar que esconde al sol es zumo de naranja.
- Pero yo… quiero ir con mi padre…
El pequeño pajarillo salta a su lado silbando de enfado, también quiere irse de allí.
- De acuerdo, voy a ver lo que puedo hacer…
El gigante empieza a mover la guitarra: dentro de su instrumento rebota algo y quiere sacarlo. Después de mucho insistir lo consigue. Lo pone en su mano y se lo enseña a Clara. Es una gema preciosa, roja como la sangre, que brilla intensamente y que deja a Clara y al pajarillo hipnotizados por un instante.
- Con esto uno de vosotros puede salir de aquí – Les dice el gigante. – Pero solamente uno. No tengo más gemas de estas.
***
En la cafetería, el doctor y los padres de la pequeña niña inconsciente toman un café esperando los resultados.
- Díganos la verdad, doctor. – Le dice el padre. - ¿Hay posibilidades?
- Siempre hay posibilidades, pero a veces el destino es muy caprichoso. El motor que me da la vida y que bombea mi sangre puede no funcionarte a ti por el simple hecho de que nuestros tipos de sangre no coinciden… Y aún si coincidieran no hay garantías de que el cuerpo de vuestra hija no lo rechace.
***
- ¿Lo rechazas? – El gigante sorprendido sostiene la gema delante de Clara, pero ella tiene al pajarito en sus manos y se lo ofrece al gigante.
- Sí. Yo acabo de llegar, pero este pajarito lleva aquí más tiempo que yo. Ya encontraré otra gema por ahí.
***
Una enfermera llega a la cafetería con una carpeta, se la entrega al doctor y éste la lee con mala cara.
- No son compatibles.
La madre de la pequeña llora en el hombro de su marido y él le da un beso en la frente consolándola. El doctor examina con detenimiento los papeles que acaba de recibir. Se levanta de la mesa y les dice:
- Voy a mirar una cosa. Si en diez minutos no he vuelto llamad a la enfermera.
***
El gigante aguanta con una mano el pajarito y con la otra la gema, cierra los ojos y los va acercando poco a poco. La gema brilla cada vez más y, cuando su luz es cegadora el pajarito desaparece.
- ¡Bien! Ahora vamos a buscar otra gema.
- Lo siento. – Dice el gigante triste. – Aunque la encontrases ya es tarde para ti. Tú ya no puedes volver…
La pequeña Clara cae al suelo, se sienta abrazándose las piernas flexionadas y llora desconsoladamente.
- Pero has sido buena. – Le dice el gigante con una sonrisa. – Lo que has hecho ha sido valeroso y tengo una sorpresa para ti.
***
La enfermera vuelve corriendo a la mesa de la cafetería y les pregunta a los padres de la niña dónde está el doctor. Le dicen lo que les ha dicho y ella les comenta que el estado de la pequeña ha empeorado, necesitan al doctor para saber qué hacer. Corriendo, llegan a la puerta de su despacho y lo encuentran tumbado en el suelo con la boca llena de espuma y una caja llena de pastillas. La enfermera grita pidiendo ayuda, pero ya es demasiado tarde. En la mesa hay una carta.

<<Queridos amigos, digo amigos porque creo que tenemos mucho en común: yo también tuve una hija que estuvo hospitalizada hasta hace poco. Rechazó la medicación que le iba a salvar la vida y murió irremediablemente.
No quiero que mi muerte sea en vano, he comprobado la compatibilidad de mi corazón con el de su hija y es positiva. No me lo agradezcan a mí, agradézcanselo a mi hija Clara, si ella no hubiera rechazado la medicación probablemente no me hubieran asignado su caso a mí y vuestra hija hubiera sido una paciente más.
Espero de corazón que la pequeña Paloma se recupere.>>


viernes, 24 de mayo de 2013

El relato de mi vida (parte 8, final)


Subí las escaleras maldiciendo todo lo que se me ocurría. No quise llamar al inspector por si mi retraso tenía consecuencias fatídicas. Llegué delante de la puerta dispuesta a echarla abajo pero estaba abierta. Nerea estaba en el sillón del comedor tenía una cinta en la boca y estaba atada con una cuerda en los tobillos y en las muñecas. Me abalancé sobre ella para quitarle las ataduras.
- Quieto parado. – Giré la Cabeza. David tenía en la mano un cuchillo de cocina de un palmo de largo. – Levántate y no hagas ningún movimiento brusco.
Hice lo que me dijo. Levanté las manos mostrando mi sumisión. Había leído mucha novela negra, sabía cómo hablarle a los asesinos en serie. Pero David no era un asesino, era mi mejor amigo. Hice memoria de los diálogos finales de todas las novelas y el asesino siempre acaba muerto, yo no quería eso. Bajé las manos y sonreí.
- Vaya. Así que tú eras el asesino. Debí imaginarlo. ¿Sabes a quien había puesto en el punto de mira? Al Artur. ¿Te imaginas, irrumpiendo en su casa con todo el ejército de policías?
Reí. Reímos los dos.
- Vaya, te lo estas tomando mejor de lo que pensaba. – Me dijo él sin bajar un milímetro el cuchillo. - Sabes lo que toca ahora, ¿no?
- Supongo. El relato final. El gran “bum”. Mi parte de la herencia tiene como personajes principales a un chico y una chica que se enamoran. Supongo que esta vez los protagonistas somos nosotros. Nerea y yo.
- Exacto. Esto es lo que vamos a hacer: voy a clavarte este cuchillo lo suficiente como para que te vayas desangrando poco a poco y luego vas a escribir el último relato. El relato de tu vida. El argumento será el siguiente: Los últimos pensamientos de un escritor antes de que sus abras acabaran con su vida. Luego os mataré a los dos, y subiré el documento al blog.
- David, ¿no hay otra forma de hacer esto? ¿En tu cabeza no hay un final feliz?
- ¿Final feliz? – Se rió con una sonora carcajada. – Parece que no conozcas tus propios relatos, ¿en cuál de ellos hay un final feliz? Vamos, me lo dijiste: vas acabar agradeciéndome todo esto, hazlo ya. Toda la fama que vas a recibir, que estas recibiendo ya, no la puedes conseguir de otra forma.
Noté cómo la expresión de mi rostro cambiaba y mostraba mi enfado. Me ofendió bastante que dijera eso. Pero no debía dejar que los nervios me dominaran. Le hice una petición:
- De acuerdo. David, te doy las gracias. La verdad es que no puedo comparar la alegría de ver tantas visitas de lectores y tantos comentarios con ninguna otra cosa. – Él asintió satisfecho. – Pero tengo que pedirte una última cosa. Déjame despedirme de Nerea. Te lo agradecería.
- Lo veo justo, pero te aviso que si noto un movimiento extraño será lo último que hagas.
Me giré, me saqué la mochila, la puse a su lado y me arrodillé delante de ella. Le quité la cinta de la boca y la besé. Luego le di un beso en la mejilla y le susurré: “Pistola, mochila”.
Me levanté y me dirigí con pasos lentos hasta David, volví a levantar las manos. Él agarró el cuchillo con más fuerza y noté cómo me lo clavaba a dos centímetros del ombligo.
- Has sido un buen amigo. – Le dije. En una décima de segundó lo agarré del cuello con fuerza y giré ciento ochenta grados hasta que quedó de espaldas a Nerea. Y grité: - Nerea, ¡Ahora!
Ella disparó y le dio de lleno a la espalda de David. Yo, como estaba en contacto con él también noté la descarga. Creo que me meé encima.
Me desperté en una camilla del hospital. En la habitación estaba Nerea, el inspector y mis padres. Nerea se tiró encima de mí, abrazándome, cuando me vio abrir los ojos, noté la puñalada y gemí de dolor.
- Eres un suertudo. – Dijo el Inspector. – La descarga eléctrica hizo que el cuchillo se calentase y cauterizó la herida, no sangraste mucho. Eres un valiente suertudo.
- No vuelvas a hacer algo así, ¡Nunca! – me dijo mi novia con los ojos cristalinos.
- Vaya, yo que quería tirarme encima de un asesino armado mañana mismo. – Me reí. – ¿Cómo está David?
- Está bien, - Me respondió Segovia. - Él recuperó la consciencia antes que tú, pero lo bastante tarde como para que a Nerea le diese tiempo para llamarme y pudiéramos ir a arrestarle. Ahora le toca ser guiado por los caminos de la justicia. Supongo que irá a la cárcel un tiempo.
- Vaya… - Era un asesino, había matado casi a media decena de personas, pero seguía siendo mi mejor amigo. ¿Ha dicho porqué ha hecho todo eso? ¿Qué lo impulsaba a cometer esos asesinatos?
- Sí, nos dijo que tus relatos debían conocerse a toda costa, que él era el único que podía ver la perfección en ellos.
- Vaya…  - Suspiré – No son tan buenos, sólo son locuras que tengo en la cabeza… Supongo que él también tenía alguna locura en la cabeza, en cierto modo todos estamos un poco locos, la cuestión está en saber cómo controlarlo…Cuando me recupere lo iré a ver.
El inspector se rascó la cabeza y bufó.
- ¡Una víctima que va a ver al asesino que ha trastocado su vida y casi lo mata! Este caso ha sido de los más raros que he vivido.
- Ya, - le dije – es un caso digno de que lo escriba y lo suba a mi blog.